Entornan mis dedos esa navaja;
el alón de mi sombrero
esconde mis ojos del miedo
y mi pelo naranja.
En mi palma, ya seco,
crepita el mediodía de enero.
Me llevan negros zapatos
y la intensa arruga en la frente.
Fulgores en esos puños
que atacan de espalda,
cuando cruza el metal
junto a mi barba.
Llegó el golpe del brazo
y se fue con odio la daga.
Apenas se abrió mi boca
cuando cayó de bruces.
Me siguen.
Ardiendo la tropa,
cruzo la calle valiente
cuando el balazo me toca
la intensa arruga en la frente.
.
