Evoco mi mantel bordado
con sus frutos y ese vino oscuro y frío.
Evoco
el agua indiferente en el jarrón de vidrio
y una sola mosca en el vacío de la taza.
Evoco
la panera de cristal y la sopera
con el vértigo del caldo hirviendo.
Te evoco servilleta con argolla
y cuanto ocurre
en el parloteo de gaviotas
que nunca me concierne.
Y evoco el pan irremplazable de la abuela.
Y sus migas que ruedan
por los pliegues de la ropa.
Y sus migas que ruedan
por los pliegues de la ropa.
Y es que evoco, a mi manera
la ceguera de los platos que se han roto
en el vacío del ocio de las copas.
Evoco
bajo la sombra de la mesa
el muro de rodillas visitantes
y el despojo forastero,
pero me confundo
pero me confundo
con las patas de la mesa
y las aristas masticadas de las nubes.
y las aristas masticadas de las nubes.
Evoco la familia
con la pureza destellante del cuchillo
consumiendo la roja cortesía del cordero.
Evoco
los zapatos con su brillo como espejo
los zapatos con su brillo como espejo
y sin sentido
pero más evoco
los delgados zapatos del viajero
y los pasos que me vienen a buscar
a una mesa no servida.
pero más evoco
los delgados zapatos del viajero
y los pasos que me vienen a buscar
a una mesa no servida.

