A tus recodos navego, María Jesús,
con tus mareas y mi bastón.
Al verde de aquellas lomas,
las primas rosas de novia
en tu balcón de enero.
Feroz de cuajo,
como torre de naipes, yo estaba
doblado en tu esquina
con todo y mi pelo,
en nuestro pueblo natal.
De aquel cine me sudan las manos de oscuro,
y entre ellas, tus líneas de corazón y vida.
Primer amor de flaco:
no estaba allí mi destino.
De cuna y luna eran tus ojos,
y mis enojos, de pantalón corto.
Quiso la vida separar nuestros huesos
adolescentes.
Hoy cruzo frente a tu casa.
La habitan otras historias.
Cruzo despacio.
Cruzo con nietos,
convaleciente.

